24 de enero del 2005
Son las 10 de la mañana, y Laura todavía no se percata que se encuentra acosada en una recamara, que no conoce más le parece familiar; abre los ojos y ve una rosa junto con unas cartas, hacía mucho tiempo que no las había visto y llegó a pensar que las había perdido, las hojea lentamente y en eso escucha ruido de platos desde la cocina.
Se dirige a la puerta del cuarto y casi a punto de salir se topa con una taza de café, es rústica, hecha de barro, se sienta y ve por los ventanales, a través de los cuales se encuentra un hermoso jardín, pero su mirada se encuentra perdida, como si faltara algo, las cartas viejas y la rosa la han dejado intrigada, se para y al momento que quiere salir al jardín se da cuenta que en el respaldo hay una camisa blanca.
La toma y la huele, la abraza y esconde la cabeza, como recordando de quien es, se la pone y sale al jardín, lo recorre por un rato y se pone a admirar el desierto a la lejanía, entra de nuevo a la casa y va hacia la cocina, deja la taza de café ya vacía en el fregadero y al inclinarse para dejarla cae un pincel de la bolsa de la camisa.Lo ve y voltea a su alrededor y ve que hay cuadros en la casa, de hecho recorre las paredes y encuentra un cuadro en especial, es un rostro dibujado a carbón de un hombre joven, ella lo mira con detenimiento, como si estuviera a punto de llorar, pero se aleja del cuadro para no recordar y sigue recorriendo la casa, sube las escaleras poco a poco y llega a un cuarto enorme con vista al desierto, hay cuadros inconclusos, caballetes, pinturas de óleo por todas partes y más pinceles.
Entre todos los caballetes hay uno que le llama la atención, está ella dibujada en el pero sin terminar, se sorprende pero lo admira, lo quiere terminar y toma un pedazo de carbón que está en la bolsa de la camisa, en eso va a empezar pero se oye que abren la puerta principal.
Se ve a un hombre maduro entrar, llega con unas bolsas como si viniera de comprar algo, va a su cuarto y no encuentra el vestido que dejó encima de su cama en la mañana, va a la mecedora de afuera de su cuarto y no está tampoco la taza de café que se preparó antes de irse, y tampoco está su camisa que siempre usa para pintar, va a la cocina desempaca unas verduras que lava en el fregadero y descubre la taza, la ve extrañado, en fin, se hace un café con la misma taza y sube a su estudio, va al caballete del retrato y ve el vestido y su camisa en el banco, se queda inmóvil y se pone nostálgico, ve la taza y se da cuenta que tiene labial, toma el vestido y lo abraza para ocultar que solloza en la soledad.
H.



es cercano a mi cumpleaños de un muy memorable año...
ResponderSuprimirxq hasta ahora?